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Impuestos y Finanzas



Invertir o no Invertir?






No vendas cuando tus inversiones vayan a la baja.

Si eres de los que venden todo en los momentos de pánico del mercado, mejor no inviertas en acciones”. Esta frase forma parte de la filosofía de uno de los inversionistas más exitosos del mundo, Peter Lynch, quien además aconseja a los inversionistas tener paciencia y no angustiarse con los giros de los mercados, y con el descenso del precio de las acciones.

Incluso si depositas tu dinero o decides hacerlo en alguna sociedad de inversión de renta variable ―aquella que invierte en acciones de empresas que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores, opción más abierta a todo tipo de inversionista y con menor riesgo implícito que la inversión directa― debes saber que al igual que la

economía, el mercado bursátil tiene ciclos (variaciones periódicas a largo plazo, a la alza y a la baja, del precio de las acciones y que determinan la tendencia de la Bolsa), y que el miedo de cada inversionista es su peor enemigo en las etapas de tendencia a la baja del mercado accionario.

El miedo, sentimiento muy humano, puede controlarse o incrementarse exponencialmente por las siguientes condiciones:

1. La cultura financiera. Entre más cultura y conocimiento del mercado accionario, menos reacciones de miedo y más decisiones racionales e inteligentes de inversión.

Sin ánimo de generalizar, la escasa cultura bursátil de los mexicanos se evidencia en la baja participación que tenemos en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV). Las estadísticas señalan que en México por cada 10 mil personas de la Población Económicamente Activa (PEA) únicamente 35 invierten directamente en la Bolsa; mientras que en Estados Unidos por cada 100 personas de la PEA, 60 invierten en la Bolsa.

Al cierre de marzo de este año, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) contabilizaba 196,206 cuentas de inversión manejadas por las Casas de Bolsa; es decir, éstas son las personas que invierten de manera directa en los mercados financieros. Esto sin considerar que algunas personas pueden tener más de una cuenta, lo cual reduciría aún más este número de participantes.

De hecho, la participación de la gente en las sociedades de inversión también es reducida, pues aún persiste el temor de muchos mexicanos de cambiar de los productos bancarios tradicionales (cuenta de ahorro, pagaré) a otros instrumentos potencialmente más rentables pero que les exige un mayor conocimiento y comprensión de cómo funcionan, cuáles son sus ventajas y cuáles son sus riesgos.

A largo plazo, la Bolsa ha sido una de las opciones que ha ofrecido rendimientos superiores a casi cualquier otra clase de inversión. Y una buena manera de invertir en Bolsa es a través de un fondo de inversión indizado al IPC o el Naftrac que es una inversión diversificada (incluye las 35 acciones que integran al principal índice accionario de la BMV, y en la misma proporción) y de menor riesgo que la opción de sólo invertir en una acción.

2. Definir tu perfil. Conocerte bien te facilita la selección de instrumentos de inversión idóneos para concretar tus objetivos financieros.

Y es que la mayoría de las personas quieren saber, por ejemplo, cuál fondo de inversión es el que paga el mejor rendimiento para colocar su dinero justamente en ese, o cuál es la acción que más ha ganado o la que está de moda. ¡Gran error! en primer lugar rendimientos pasados no garantizan rendimientos presentes ni futuros; y en segundo lugar, dejamos de lado el preguntar qué nivel de riesgo lleva implícito el fondo o la acción que ha sido más rentable.

De acuerdo con los expertos, no podemos ni debemos separar la relación rendimiento-riesgo. Y el riesgo tiene mucho que ver con nuestro perfil de inversionista porque indica nuestro nivel de tolerancia, y cómo vamos a reaccionar ante circunstancias adversas del mercado accionario.

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Si no lo sabemos y tomamos decisiones de inversión poco informadas y analizadas, nos exponemos a tomar riesgos que, en un escenario de mucha incertidumbre o volatilidad, nos lleve a actuar presas del miedo e incurrir en importantes pérdidas patrimoniales que, racionalmente, podían haberse evitado.

Por ejemplo, a finales del 2008 y buena parte del 2009, muchas personas que tenían invertido su dinero en sociedades de inversión de renta variable entraron en pánico por lo que estaba sucediendo en la Bolsa.

Reaccionaron vendiendo sus acciones. Se cambiaron a fondos de deuda e incluso optaron por salirse de los fondos para refugiarse en los instrumentos que más conocían y percibían como más seguros: los bancarios.

No obstante, debieron pagar un costo financiero por estas decisiones; y es que hay que tener siempre presente que los episodios de baja en el precio de las acciones no son pérdidas reales para los inversionistas en tanto éstos no las vendan. Quienes salieron despavoridos de la Bolsa en el peor momento —el de mayor baja en el precio de las acciones— no tuvieron el estómago para ver reflejados en sus estados de cuenta la disminución virtual de su capital invertido, aun y cuando probablemente su inversión tuviera un horizonte de largo plazo, por ejemplo, a 10, 15 ó 30 años. Sin embargo, haciendo caso omiso a su plan de inversión decidieron “vender” antes de ver pulverizado su capital con las caídas de la Bolsa de Valores.

Ahora bien, habrá quienes decidieron salir porque no tenían más opción, quizá tenían que hacer uso de ese dinero en unos días o semanas. En ese caso, la estrategia de inversión que adoptaron no fue la correcta, pues en su afán de ganar el mayor rendimiento posible —sin medir el riesgo—, invirtieron en una opción de largo plazo los recursos que iban a utilizar en el corto plazo. Definieron mal sus objetivos y estrategias financieras a seguir, y asumieron un nivel de riesgo que no estaban en condiciones de tomar.

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En el mundo de las inversiones el temperamento se manifiesta por la manera en que uno se deja llevar por emociones cuando se toman decisiones. Ejemplo, comprar y luego tener miedo.

Los mercados suben y bajan, lo importante es aguantar hasta cumplir nuestras metas y para ello hay que invertir con la cabeza, no con el estómago.

William J. Bernstein, en su libro “Los cuatro pilares de la inversión”, destaca como uno de ellos el factor psicológico en las inversiones, y aconseja no participar en el “comportamiento de rebaño” que exacerba los auges y caídas en los mercados financieros: no comprar cuando todos compran y no vender cuando todos venden. Si la inversión es a largo plazo y cuenta con una buena diversificación, no hay que salir ante la primera señal de problemas.

Bernstein señala que de acuerdo al perfil de inversionista que tengas, podrías considerar invertir en ciertas proporciones de tu capital.

Y es como señala Lynch: “Todo el mundo tiene el cerebro suficiente para ganar dinero en Bolsa, pero no todo el mundo tiene suficiente estómago”.

Muchos inversionistas venden acciones basándose en emociones como el miedo, y no porque es la decisión “lógica” en un momento determinado.

De hecho, el miedo de unos inversionistas (los menos informados) es el que genera oportunidades para otros, los que están bien informados y toman decisiones con criterios objetivos.

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Fuente : Condusef

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